domingo, 17 de abril de 2011

Los menguados

Historia de mi propia cosecha, platanda cultivada y cosechada en una ociosa tarde de domingo.
Los hombres de aquel lugar eran menudos, muy menudos tanto que a la pobre se le deslizaban entre los dedos en cuanto los manipulaba con sus grandes manos. Había intentado distintos métodos de retención pero hasta el momento ninguno había sido efectivo. Era urgente que encontrara el remedio de lo contrario llegaría la fecha y seguiría sin conseguir el hombrecito de sus sueños. Las demás ya habían conseguido su trofeíto pero por nada del mundo iban a compartir el secreto de su éxito, la que consiguiera el macho más diminuto y a la vez con más detalles en su fisonomía sería la ganadora y sólo ella la poseedora de la fórmula.
Aquella noche era imposible conciliar el sueño, en su cabeza solo rondaba una idea y hasta que no amaneciera no podía ejecutarla. Tenía 8 frascos sobre la cómoda, en cada uno de ellos descansaba extenuado un hombrecito a la espera de que Tristana consiguiera mantener a uno de ellos con sus manos sin estropearlo y en perfecto estado de funcionamiento. Había uno que tenia especial interés en que ella lograra el objetivo y estaba dispuesto a colaborar, Tristana no lo había considerado como firme candidato y no lo había intentado con él pero esa noche al verlo con sus ojos abiertos de par en par mirándola extasiado supo que iba a ser el elegido en cuanto el sol entrara por la ventana, sin sol se ponían mustios y blanditos y era todavía más difícil sostenerlos.
Se levantó en cuanto despuntó el primer rayo, sin atolondrarse preparó un abundante desayuno, no volvería probar bocado mientras no tuviera su triunfito, después dedicó un buen rato a recortar y limar sus uñas, el más leve rasguño echaría a perder todo el trabajo. Por su parte el hombrecito, que desde ahora llamaremos Elinteresado, también estaba a su manera preparándose para facilitarle la tarea.
Elinteresado poseía una larga cabellera recogida a modo de turbante, los dos de una manera casi telepática habian llegado a la misma conclusión, su melena iba a servir como cordón umbilical para unirlos el tiempo necesario para pasar la prueba. Al mismo tiempo que Tristana giraba la tapa del frasco, Elinteresado hacia los mismo con su pelo, una preciosa melenita negra y brillante se iba amontonando sobre el cristal, cualquiera que hubiera estado en el mismo cuarto habría podido palpar la excitación.
Unas pinzas aparecieron por la abertura del bote, grandísimas para Elinteresado, de microcirugía para Tristana. Con gran precisión y cuidado, Tristana presionó las pinzas que atraparon el pelo, poco a poco ambos notaban como él se iba elevando milímetro a milímetro, el cristal del fondo cada vez se alejaba más de sus pies. Para los dos pasó una eternidad hasta que todo su cuerpecito estaba fuera, delicadamente lo posó sobre la cómoda, el siguiente paso era el definitivo para que la operación fuera una éxito. En perfecta sincronía y como si sus mentes fueran una, Elinteresado comenzó a desatar la cuerda que sujetaba sus pantalones, Tristana la recogió y sin temblarle el pulso y manipulando de nuevo las pinzas la sujetó al pelo con fuerza y la anudó a la vez a la cadena que colgaba de su cuello. ¡Al fin, tenía su pequeño trofeo! Era increíble que además fuera la figurita más delicada y perfecta que hubiera visto mujer alguna, seguro que lo conseguía. No había visto los de las demás, todas los guardaban con celo, pero se iban a quedar boquiabiertas y descorazonadas.
Llegó el gran día, las mujeres iban llegando al recinto, nerviosas, apenas se dirigían la palabra, llegado el momento todas iban descubriendo sus valiosos colgantes, cuando Elinteresado quedó al descubierto un murmullo inundó el hasta ahora silencioso edificio. Su melena azabache refulgía esplendorosa y una emoción colectiva embargó a todo el mundo, las lágrimas brotaban espontáneas de los ojos que admiraban tal belleza.
Si, ganaron ellos, Tristana y Elinteresado iban a poseer el codiciada fórmula, por fín unos de los menguados podría recuperar su tamaño original, y el mundo empezaría otra vez de nuevo, el experimento que hizo que los hombres menguaran no funcionó como se esperaba, definitivamente era mucho mejor que hombres y mujeres fueran iguales, iguales en su grandeza y en su menudencia. Tristana y Elinteresado fueron felices y comieron perdices y a mi no me dieron porqué no quisieron.
Colorín colorado este cuento se ha acabado.

6 comentarios:

NOA dijo...

Sabia que eras tu........... ya tienes un "estilo"

Desafortunada dijo...

Dispongo de poco tiempo, poca infractructura y poca imaginación pero me gusta.

Thelma dijo...

Un relato lleno de imaginación..., me ha gustado mucho y creo que la historia da para más capítulos. ¿Qué te parece?¿Podrías hacer entregas?

Jose dijo...

Sé perfectamente, igual que vosotras, los fallos que tiene, sé como ha salido porqué sé como se ha escrito, con la premura de siempre, porqué no tengo paciencia y si hay que ir a cenar pues se acaba de cualquier manera y ya está, pero es divertido se trata de que salga la primera frase y a partir de ahí que fluya por donde la imaginación quiera y a disfrutar con la historia que salga. Lo de las entregas ya son palabras mayores, pero como divertimento se podría intentar.

Anónimo dijo...

Que no soy Jose, ya sabéis quien soy, la Mdelaté.

llamadmeita dijo...

Pues que te salgan muchas frases, asi tu disfrutaras escribiendo y nosotras leyendolas.